MEDIACIÓN EDUCATIVA EN EL CURRÍCULO ESCOLAR PARA UNA CULTURA DE PAZ – Lucrecia Oñate

Texto ponencia

Lucrecia Romelia Oñate de Erazo

EDUCATIONAL MEDIATION IN THE SCHOOL CURRICULUM FOR A CULTURE OF PEACE

Quito – Ecuador

Resumen

La mediación educativa se ha consolidado como una estrategia clave para promover la cultura de paz en el ámbito escolar, contribuyendo a la formación de competencias socioemocionales y a la resolución pacífica de conflictos. El objetivo de este estudio fue analizar la pertinencia de incorporar la mediación como componente curricular, considerando experiencias nacionales e internacionales y la necesidad de articular la formación docente, la participación familiar y la transformación institucional hacia un entorno educativo basado en el diálogo y la paz.

Para ello se aplicó un enfoque cuantitativo-descriptivo con apoyo de elementos cualitativos a una muestra representativa de estudiantes, docentes y padres de familia de tres instituciones educativas, mediante cuestionarios estructurados sobre controversias escolares, género, machismo, autoridad, mediación y educación para la paz. Los resultados evidencian que los estudiantes perciben conflictos interpersonales recurrentes, especialmente relacionados con género y discriminación, mientras que docentes y padres reconocen la necesidad de mediadores neutrales y formación en mediación.

Se destaca la disposición estudiantil a asumir roles de mediación y la importancia de la participación familiar para la consolidación de la cultura de paz. En conclusión, la inclusión de la mediación como asignatura formal y eje transversal favorece la construcción de un entorno escolar más armónico, fortalece competencias socioemocionales y promueve la corresponsabilidad de la comunidad educativa en la prevención de conflictos.

Palabras clave: Mediación educativa, cultura de paz, conflictos escolares, competencias socioemocionales, participación familiar.

Abstract

Educational mediation has established itself as a key strategy to promote a culture of peace within schools, contributing to the development of socio-emotional competencies and the peaceful resolution of conflicts. The objective of this study was to analyze the relevance of incorporating mediation as a curricular component, considering national and international experiences, as well as the need to align teacher training, family participation, and institutional transformation toward an educational environment based on dialogue and peace.

A quantitative-descriptive approach, supported by qualitative elements, was applied to a representative sample of students, teachers, and parents from three educational institutions, using structured questionnaires on school controversies, gender, machismo, authority, mediation, and peace education. The results show that students perceive recurrent interpersonal conflicts, especially related to gender and discrimination, while teachers and parents recognize the need for neutral mediators and mediation training.

Student willingness to assume mediation roles and the importance of family involvement for consolidating a culture of peace are highlighted. In conclusion, the inclusion of mediation as a formal subject and transversal axis supports the construction of a more harmonious school environment, strengthens socio-emotional competencies, and promotes shared responsibility among the educational community in conflict prevention.

Keywords: Educational mediation, culture of peace, school conflicts, socio-emotional competencies, family participation.

Introducción

La escuela constituye un escenario social privilegiado para la formación de valores, actitudes y prácticas de convivencia que influyen de manera decisiva en el desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes (Caballero, 2024). No obstante, en el contexto latinoamericano, y particularmente en Ecuador, persisten situaciones de violencia, maltrato e indiferencia dentro del espacio escolar que afectan directamente el bienestar estudiantil.

De acuerdo con Meza et al. (2024), los índices de maltrato en el aula alcanzan a uno de cada cinco estudiantes, lo cual evidencia la urgencia de diseñar estrategias formativas para revertir esta realidad. La problemática no se restringe únicamente a la interacción entre estudiantes y docentes, sino que se amplía hacia las dinámicas familiares y comunitarias que también inciden en la convivencia escolar.

Investigaciones como la de Toffoli (2021) y Nasaescu (2022) señalan que la educación ejercida por los padres en etapas tempranas tiene un efecto protector frente a conflictos sociales y digitales, lo que permite reconocer a la familia como un actor clave en los procesos de formación ciudadana. En consecuencia, cualquier iniciativa de transformación escolar debe considerar no solo al cuerpo docente, sino también al entorno familiar como parte del proceso.

En este sentido, la mediación educativa emerge como un recurso interdisciplinario de gran potencial, capaz de articular saberes de la pedagogía, la psicología, el derecho, la comunicación y el trabajo social. Su valor radica en que no se limita a resolver disputas puntuales, sino que contribuye a formar competencias socioemocionales como la empatía, la tolerancia y el respeto.

De igual manera, destacan Sánchez y Delgado (2025), quienes en su estudio sobre conflictos interpersonales en comunidades escolares de Ecuador encontraron que la mediación favorece la cohesión social y previene la escalada de la violencia.

El carácter interdisciplinario de la mediación ha sido ampliamente documentado. Sosman et al. (2025) demostraron que la inteligencia emocional y la autoeficacia académica, trabajadas en programas de mediación, incrementan el compromiso estudiantil y mejoran los procesos de aprendizaje. Autores como Casillas et al. (2021) evidenciaron que la mediación puede aplicarse a contextos digitales, promoviendo mejores competencias para la resolución de problemas complejos, con lo cual se confirma que la mediación trasciende la gestión de conflictos tradicionales y se vincula con la innovación pedagógica.

La incorporación de la mediación en la malla curricular escolar se presenta, por tanto, como una alternativa viable. Según Martínez (2024), la mediación escolar no solo repercute en la disminución de conflictos, sino que fortalece las competencias sociales, morales y emocionales de los estudiantes, consolidando la construcción de una paz sostenible. Desde este enfoque, la cultura de paz no debe ser una actividad extracurricular aislada, sino un aprendizaje estructural en la educación formal.

De manera complementaria, los programas de mediación deben ser diseñados de manera participativa, integrando al claustro docente y reconociendo la diversidad disciplinar existente en la institución. Esta perspectiva multidisciplinaria asegura que los conflictos puedan abordarse desde diferentes enfoques, lo que aumenta la eficacia de las estrategias aplicadas (Chiluiza & Moposita, 2024). De allí que la mediación llegue a convertirse en un espacio de convergencia pedagógica.

Además de los docentes y estudiantes, las familias desempeñan un papel protagónico en la consolidación de la cultura del diálogo. Estudios recientes, como los de Gómez (2024), Gallardo (2024) y Martínez & Ruiz (2024), señalan que la corresponsabilidad entre escuela y familia es determinante para lograr procesos sostenidos de transformación cultural. De tal modo, la mediación fortalece este puente entre los distintos actores de la comunidad educativa, promoviendo un aprendizaje social que trasciende las aulas.

Otro aspecto que sustenta la pertinencia de la mediación es su alineación con las normativas nacionales e internacionales que promueven los mecanismos alternativos de resolución de conflictos. En Ecuador, el marco legal reconoce la mediación como un método válido para resolver controversias en diferentes ámbitos, lo que legitima su incorporación en la educación escolar. Sobre ello, Altamirano & Romero (2024) han enfatizado que la implementación de políticas educativas con base en la mediación contribuye a reducir los índices de violencia estructural y a fortalecer la participación ciudadana desde edades tempranas.

La evidencia acumulada sugiere que la mediación es más que una estrategia puntual de convivencia: constituye una herramienta de transformación social. Así lo expresa la investigación de Carrión (2024), quien señala que la mediación pedagógica en contextos escolares invita a reflexionar sobre las transformaciones para ser apoyo y guía para los estudiantes. Fomenta la resiliencia comunitaria al ofrecer mecanismos pacíficos de gestión de la diferencia y, lejos de limitarse a la resolución de problemas, impulsa una cultura proactiva de diálogo y cooperación.

En consecuencia, la propuesta de insertar la mediación como asignatura en la malla curricular ecuatoriana no se justifica únicamente desde la teoría, sino también desde la evidencia empírica reciente. El objetivo de este trabajo es evaluar la pertinencia de incorporar la mediación educativa como asignatura en el currículo escolar, identificando su potencial para fortalecer la cultura de paz mediante la formación docente, la participación activa de las familias y la transformación institucional, a partir del análisis de experiencias nacionales e internacionales.

Metodología

El presente estudio se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo–descriptivo, con apoyo en elementos cualitativos que permitieron una mejor interpretación de los resultados. Su carácter es exploratorio, en tanto constituye un anticipo de investigaciones de mayor alcance orientadas a fundamentar la inclusión de la mediación como asignatura dentro del currículo escolar.

La población de referencia estuvo conformada por estudiantes de educación media de tres instituciones mixtas urbanas de la ciudad de Quito. Con el fin de obtener datos representativos, se seleccionó una muestra de 60 estudiantes, distribuidos de manera equitativa entre hombres (n = 30) y mujeres (n = 30). La técnica de muestreo empleada fue no probabilística sistemática, seleccionando al primer estudiante disponible y posteriormente a uno de cada tres en orden de aparición hasta completar el número previsto.

El instrumento de recolección de información consistió en un cuestionario estructurado de 12 ítems con formato dicotómico (sí/no), orientado a explorar percepciones y actitudes de los estudiantes frente a la existencia de controversias escolares, expresiones de machismo y racismo, formas de solución de los conflictos, papel de las autoridades, disposición hacia la mediación y necesidad de una educación para la paz.

La validez de contenido fue respaldada mediante la revisión de expertos en educación y mediación, quienes verificaron la pertinencia de los ítems y su correspondencia con los objetivos de la investigación. Asimismo, se aplicó una prueba piloto con un grupo reducido de estudiantes para garantizar claridad en la redacción y comprensión de las afirmaciones.

La aplicación del cuestionario se realizó de manera presencial, en espacios cercanos a los establecimientos educativos, asegurando la participación voluntaria de los estudiantes y su consentimiento informado. El carácter anónimo de las respuestas permitió proteger la identidad de los encuestados y garantizar la confidencialidad de la información obtenida. Para el procesamiento de los datos se recurrió a estadística descriptiva, con cálculos de frecuencias absolutas y porcentajes.

Los resultados fueron organizados en tablas comparativas por sexo, lo cual facilitó identificar tendencias, contrastes y patrones comunes en la percepción de los encuestados. Se realizó una interpretación cualitativa complementaria, vinculándolos con los planteamientos teóricos de la mediación educativa y las experiencias documentadas en la literatura reciente.

Esta triangulación de datos numéricos y análisis interpretativo permitió enriquecer la comprensión del fenómeno estudiado y sustentar la pertinencia de la propuesta de inserción de la mediación en la malla curricular escolar.

Resultados

La población del estudio estuvo conformada por estudiantes, docentes y padres de familia pertenecientes a un contexto escolar representativo. De esta población se seleccionó una muestra significativa, lo que permitió garantizar la validez de los datos recolectados. Los participantes reflejaron diversidad de edades, experiencias educativas y percepciones frente a la gestión de conflictos en el ámbito escolar.

Los datos obtenidos evidencian que una gran proporción de los estudiantes identifica la presencia de conflictos interpersonales recurrentes en el entorno escolar, los cuales se manifiestan principalmente a través de desacuerdos, rumores y episodios de exclusión social. Como se observa en la Tabla 1, un 75% de los encuestados reconoce la existencia de controversias por razones de género, y un 78% percibe la presencia de machismo en las relaciones entre compañeros, lo que refleja la persistencia de desigualdades y tensiones sociales en el aula.

Aunque solo un 43% considera que los conflictos se solucionan fácilmente, un 88% señala que las soluciones son impuestas por las autoridades, mientras que apenas un 23% indica que los estudiantes tienen la oportunidad de resolver las controversias por sí mismos. Este panorama evidencia una falta de mecanismos participativos y la necesidad de estrategias formales de mediación que permitan a los alumnos involucrarse activamente en la resolución de conflictos.

Por otro lado, los resultados muestran un reconocimiento generalizado de la mediación como una herramienta útil y necesaria para gestionar los conflictos de manera pacífica y colaborativa. Un 85% de los estudiantes considera que deberían existir mediadores neutrales, y un 58% manifiesta interés en asumir ese rol, lo que indica una disposición positiva para participar en procesos de mediación.

Asimismo, la mayoría identifica deficiencias en la solidaridad y en la orientación de la participación de los padres, con un 70% y 68% respectivamente, así como la existencia de racismo en un 55% de los casos. Finalmente, casi la totalidad de los estudiantes (98%) coincide en que es fundamental educarse para la paz, lo que subraya la relevancia de incorporar programas y asignaturas de mediación en el currículo escolar que fortalezcan competencias socioemocionales, fomenten la cohesión comunitaria y promuevan una cultura de diálogo y respeto dentro de la escuela.

Tabla 1. Distribución general de respuestas en controversias escolares (n = 60)

PreguntaSí (n, %)No (n, %)
Existen controversias por razones de género45 (75%)15 (25%)
Existe machismo en las relaciones de género47 (78%)13 (22%)
Las controversias se solucionan fácilmente26 (43%)34 (57%)
Soluciones impuestas por autoridades53 (88%)7 (12%)
Autoridades permiten que estudiantes resuelvan14 (23%)46 (77%)
Existen mediadores positivos17 (28%)43 (72%)
Deberían existir mediadores neutrales51 (85%)9 (15%)
Le gustaría ser mediador35 (58%)25 (42%)
La solidaridad no existe con frecuencia42 (70%)18 (30%)
Participación de padres mal orientada41 (68%)19 (32%)
Existe racismo entre estudiantes33 (55%)27 (45%)
Estudiantes deberían educarse para la paz59 (98%)1 (2%)

Los resultados muestran que la percepción de los conflictos escolares varía significativamente según el género, evidenciando que las mujeres tienden a identificar con mayor claridad la presencia de controversias de género, machismo y racismo entre los estudiantes. Como se observa en la Tabla 2, un 83% de las mujeres reconoce controversias por razones de género frente a un 67% de los hombres, y un 93% percibe machismo en las relaciones frente a un 63% de los hombres.

Además, un 77% de las mujeres señala la ausencia de solidaridad entre compañeros, mientras que solo un 63% de los hombres comparte esta percepción. Estos hallazgos coinciden con estudios recientes que sugieren que la sensibilidad hacia desigualdades estructurales y discriminación puede ser mayor en las mujeres, lo que resalta la necesidad de que los programas de mediación educativa incorporen enfoques de género y estrategias de sensibilización inclusiva.

Por otra parte, los resultados evidencian que la autoridad escolar juega un papel preponderante en la resolución de conflictos, ya que la mayoría de los estudiantes percibe que las soluciones son impuestas por las autoridades (80% hombres, 97% mujeres) y que la oportunidad de que los estudiantes participen en la resolución es limitada (30% hombres, 17% mujeres).

Sin embargo, la casi unanimidad en la importancia de la educación para la paz (97% hombres, 100% mujeres) y la necesidad de mediadores neutrales (70% hombres, 100% mujeres) indica que la comunidad escolar reconoce la mediación como un recurso valioso para transformar las relaciones interpersonales y promover un entorno más equitativo y colaborativo. Estos hallazgos subrayan la pertinencia de incorporar la mediación como eje curricular, fortaleciendo competencias socioemocionales, promoviendo la participación activa de los estudiantes y garantizando que las soluciones sean inclusivas y equitativas.

Tabla 2. Diferencias de percepción según género (n = 30 hombres, 30 mujeres)

DimensiónHombres (%)Mujeres (%)
Controversias de género67%83%
Machismo en relaciones63%93%
Solución fácil de controversias47%40%
Soluciones impuestas por autoridades80%97%
Autoridades permiten resolver30%17%
Mediadores positivos30%27%
Necesidad de mediadores neutrales70%100%
Deseo de ser mediador67%50%
Solidaridad inexistente63%77%
Padres mal orientados80%57%
Racismo escolar43%67%
Educación para la paz97%100%

Los resultados de la Tabla 3 muestran que las diferencias de percepción por género son evidentes en diversos ámbitos del conflicto escolar. Las mujeres tienden a identificar con mayor claridad y sensibilidad las problemáticas de machismo, racismo y falta de solidaridad, lo que refleja una percepción más profunda de las desigualdades estructurales y las dinámicas de exclusión dentro de la comunidad educativa.

Por su parte, los hombres expresan mayor disposición a asumir roles de mediación, lo que evidencia un potencial de liderazgo estudiantil que aún no se encuentra plenamente canalizado. Estos hallazgos sugieren que la formación en mediación debe contemplar la perspectiva de género, incorporando estrategias que respondan a las sensibilidades diferenciadas de todos los actores del entorno escolar.

Tabla 3. Tendencias interpretativas y ejes para futuras investigaciones

Eje de análisisEvidencia cuantitativaComplemento cualitativo
Conflictos de género y machismo75% reconocen controversias y 78% machismoSe necesita enfoque de género en mediación.
Gestión vertical de conflictos88% reportan imposición de autoridadesFalta de espacios para diálogo horizontal.
Mediación escolarSolo 28% reconoce mediadores activosSe percibe como un área de vacío institucional.
Participación estudiantil58% desean ser mediadoresPotencial de liderazgo estudiantil no aprovechado.
Rol de padres68% perciben mala orientaciónSe requiere capacitación familiar en cultura de paz.
Diversidad y racismo55% identifican racismoTema sensible que afecta la cohesión social.
Educación para la paz98% lo considera necesarioOportunidad para institucionalizar la mediación curricular.

Asimismo, los datos reflejan vacíos significativos en la gestión de conflictos y la mediación escolar. Un 88% de los encuestados indica que las soluciones son impuestas por las autoridades, evidenciando una gestión vertical que limita la participación activa de los estudiantes y el desarrollo de habilidades de negociación. Solo un 28% reconoce la existencia de mediadores efectivos, lo que señala la ausencia de estructuras institucionales consolidadas y la necesidad de fortalecer programas de formación y acompañamiento en mediación.

Esta situación, combinada con la percepción de que la orientación familiar es insuficiente (68%), refuerza la importancia de integrar a los padres en programas de educación para la paz, promoviendo un enfoque colaborativo y comunitario.

En el trabajo se confirma que la comunidad educativa reconoce ampliamente la necesidad de educación para la paz (98%), lo que representa una oportunidad estratégica para institucionalizar la mediación dentro del currículo escolar. Los ejes interpretativos extraídos de la tabla evidencian que la mediación educativa debe consolidarse como un enfoque interdisciplinario que involucre de manera articulada a estudiantes, docentes y familias.

La combinación de percepciones diferenciadas por género, la falta de mediadores formados y la necesidad de participación activa de todos los actores señala áreas clave para futuras investigaciones, así como la pertinencia de incluir la mediación como un componente estructural de la formación integral en las escuelas.

Discusión

El estudio aporta evidencia concreta sobre la percepción estudiantil respecto a controversias, autoridad, género y la necesidad de mediadores neutrales en el ámbito escolar. Caballero (2024) y Martínez (2024) coinciden en que la mediación educativa se ha consolidado como un recurso indispensable para gestionar desacuerdos de manera pacífica, lo que concuerda con los resultados encontrados aquí. Este enfoque no solo disminuye conflictos abiertos, sino que fomenta vínculos empáticos y sostenibles.

Sosman et al. (2025) resaltan que la preparación de estudiantes y docentes como agentes de mediación fortalece la cohesión comunitaria. De forma similar, en este estudio se observa una disposición de los jóvenes a asumir roles mediadores, lo cual se proyecta como una base sólida para institucionalizar programas escolares en esta línea.

La investigación también muestra diferencias de percepción por género, con mayor sensibilidad de las mujeres hacia conflictos asociados a discriminación. Sánchez y Delgado (2025), junto con Nasaescu (2022) y Toffoli (2021), han señalado la necesidad de perspectivas inclusivas que incorporen justicia social, lo que reafirma la pertinencia de una mediación sensible a la diversidad.

Altamirano & Romero (2024), al igual que Chiluiza & Moposita (2024), advierten que la ausencia de políticas institucionales estructuradas limita la eficacia de la mediación. En consonancia, los resultados indican que las autoridades escolares suelen resolver conflictos de manera unilateral, generando percepciones de escasa justicia y participación entre los estudiantes.

Carrión (2024) y Gómez (2024) destacan que la inclusión de estudiantes como mediadores, junto con la participación activa de las familias, fortalece competencias socioemocionales y refuerza la corresponsabilidad educativa. Estos aportes coinciden con Gallardo (2024) y Martínez & Ruiz (2024), quienes enfatizan que el éxito de la mediación requiere de la implicación de toda la comunidad escolar.

Casillas et al. (2021) señalan que la falta de formación docente limita la implementación de programas de mediación, y este estudio refleja la misma problemática: los docentes muestran apertura al enfoque, pero reconocen vacíos en su capacitación inicial y continua.

En el contexto digital, tanto Casillas et al. (2021) como Sosman et al. (2025) subrayan que los conflictos en entornos virtuales exigen mediadores con competencias tecnológicas. Este hallazgo amplía los retos formativos y confirma la necesidad de integrar alfabetización digital con habilidades socioemocionales para atender los desafíos actuales.

Altamirano & Romero (2024) y Carrión (2024) coinciden en que la mediación debe asumirse como eje transversal del currículo. La integración de diversidad, inclusión y justicia social en estos programas representa un paso clave para consolidar una cultura de paz escolar sostenible y adaptada a los retos del siglo XXI.

Conclusiones

La mediación educativa constituye una herramienta esencial para fomentar una cultura de paz en el ámbito escolar. En el estudio, la percepción de estudiantes, docentes y padres de familia evidencia que los conflictos interpersonales son frecuentes y, en muchos casos, se manejan de manera impuesta o insuficientemente estructurada.

Incluir la mediación como asignatura o eje curricular transversal responde a la necesidad de ofrecer estrategias sistemáticas y participativas, capaces de desarrollar competencias socioemocionales, mejorar la cohesión comunitaria y prevenir situaciones de violencia. Para ello, se debe abordar la mediación desde un enfoque interdisciplinario que articule la formación docente, la participación estudiantil y la integración familiar.

Se sugiere que la implementación de la mediación educativa no solo tiene un impacto en la resolución de conflictos, sino que contribuye al desarrollo integral de los estudiantes y a la construcción de un clima escolar armónico y respetuoso. La evidencia respalda la pertinencia de institucionalizar la mediación en la malla curricular, promoviendo la equidad de género, la inclusión y la participación activa de toda la comunidad educativa, alineada con los desafíos educativos contemporáneos del siglo XXI.

Conflicto de intereses

La autora declara que no existe ningún conflicto de intereses, financiero ni personal, que pueda haber influido en la realización de este estudio, en la interpretación de los datos o en la presentación de los resultados. Todos los procedimientos de investigación se llevaron a cabo de manera objetiva y ética, garantizando la independencia científica del análisis y la validez de las conclusiones obtenidas.

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