LA VICTIMIZACIÓN EN LA MEDIACIÓN – Carlos Arturo Chico Luis
Carlos Arturo Chico Luis
Introducción
Durante cualquier intervención centrada en la solución de problemas, la persona facilitadora tendrá que atender varios aspectos esenciales en el proceso; uno de ellos es la postura que asumen las partes del conflicto ante la situación. Entre ellas, pueden llegar a comportarse en una postura de victimización ante la situación problemática, colocándose fuera de la responsabilidad que le corresponde, atribuyendo sus propios sentimientos o fallos a otras personas ante una problemática, mostrándose como víctima de las acciones de los demás involucrados. La persona facilitadora, entre sus conocimientos del proceso, deberá considerar entender y comprender dicha postura para evitar realizar juicios de valor que influyan en su comportamiento como guía en la búsqueda de una solución de conflictos de forma autocompositiva.
Mendelsohn (1963), citado en Márquez Cárdenas (2011), define a la victimización como la percepción o experiencia que genera una persona como víctima de lo acontecido, la cual puede ser real o percibida. Esto genera en la persona una serie de pensamientos y conductas guiadas por dicha conclusión, con una sensación de que está siendo perjudicada ya sea por las otras personas o por las circunstancias, buscando validación, atención o una solución donde sea la única beneficiada.
El que las partes asuman este comportamiento en situaciones de resolución pacífica de conflictos plantea un desafío significativo para la persona facilitadora, quien deberá indagar el grado de afectación emocional del usuario del servicio que lo presente, para poder revisar que, si se llega a un acuerdo, existan elementos indispensables como el compromiso, el empoderamiento y todo elemento esencial para su cabal cumplimiento.
De igual forma, la persona puede exagerar su rol en el conflicto, justificando diversas conductas competitivas que haya realizado por las acciones de la otra parte, pero primordialmente evade la responsabilidad por sus propias acciones, enfatizando e invalidando solo lo que la otra parte relacionada con el conflicto sin resolver haya realizado, desprestigiando la narrativa de la otra parte, calificándola como injusta y agresiva.
Esto dificulta la generación de empatía, recurso esencial para la negociación colaborativa, donde la comunicación, la confianza y el respeto no se pueden equilibrar debido a la actitud referida.
Ante figuras de autoridad que buscan determinar las responsabilidades de las partes involucradas, al presentarse esta actitud, dichas autoridades pueden ser influenciadas a favor de quien utilice esta victimización, favoreciéndola de manera subjetiva, conforme al marco jurídico correspondiente y prejuicios socioculturales. Esto genera un desequilibrio en la dinámica de la intervención, ya que al generar reacciones defensivas o de frustración, la atención se dirige a la persona que genera este comportamiento.
Tomando el modelo de Kübler-Ross (1993), sobre las etapas del duelo que pueden recorrer las personas ante una pérdida, habrá que contemplar que la persona, dentro del conflicto, no ha podido completar todas las etapas de duelo establecidas por la teoría.
El modelo de Kübler-Ross aplicado al conflicto
El modelo establece las siguientes etapas:
- 1. Negación: La persona se resiste a aceptar la pérdida (“No puede ser que esto suceda”).
- 2. Ira: Se presenta frustración o enojo por parte de los involucrados hacia la pérdida ya sea hacia los demás o hacia uno mismo (“¿Por qué me pasa esto?”).
- 3. Negociación: La persona trata de apaciguar la pérdida y recuperar el control de su situación por medio de conclusiones y/o pactos ya sea internos o externos (“Si tan solo…”, “si fuera…”).
- 4. Depresión: Sentimiento de tristeza durante el proceso de asimilación previo a la aceptación de la pérdida.
- 5. Aceptación: La persona integra la pérdida y contempla formas para seguir adelante.
Adaptando este modelo al proceso de resolución de conflictos por la vía colaborativa, se entenderá el conflicto como el proceso de cambio para las personas, estableciendo como pérdida la situación rutinaria que se disuelve por causa de la manifestación del conflicto o conflicto manifiesto (Pondy, 1967).
En la etapa de la ira, las personas se muestran irascibles ya que consideran que otras personas, su vida e inclusive una entidad suprema, las trata de manera injusta. Este sentimiento aumentará si la pérdida que atraviesan la atribuyen a factores externos, generando el pensamiento de que todo resultado depende del cambio de estos, cayendo en una actitud reactiva.
En la etapa de negociación, las personas se pueden sentir impotentes o atrapadas en su sufrimiento, si no han podido visualizar las capacidades u opciones con las que pueden llegar a contar. Lo que genera pensamientos de autocompasión, identificándose como víctimas de decisiones personales o externas.
En la etapa de depresión, las personas se sienten abrumadas por la importancia del cambio definitivo, por lo que están tristes por una situación que aún no terminan de aceptar. Se presentan sensaciones de derrota junto con autocompasión y la idea de la injusticia del mundo externo.
Lo ideal es que, en una negociación, las partes involucradas estén en el proceso de aceptación, donde pueden generar con facilidad empatía y concesiones, con la seguridad de que no existe inconveniente que impida llevar a cabo lo acordado.
El ajustarse al cambio cuesta madurez emocional que muchas personas, por su personalidad, autoestima y percepciones cognitivas, no pueden completar en su totalidad. A pesar del acuerdo alcanzado, su estado permanece en la victimización, aun cuando la situación les haya sido explicada, y la conducta puede prevalecer por la reactividad que mantienen frente a la misma.
La postura de victimización, arraigada en los usuarios del servicio, dificulta encontrar una solución ante el conflicto ya que, en la mayoría de los casos, se debe asumir una responsabilidad para establecer acuerdos y comprometerse a cumplirlos, siendo que dicha postura no permite lo mencionado.
Conclusión
Por medio del proceso de mediación, las partes pueden revalorar posturas como la victimización por medio de técnicas como la legitimación, el reconocimiento y la revalidación, empoderándolas a partir de un objetivo en común.
Frankl (2004) propone el concepto de que entre lo que nos sucede y la reacción a lo mismo existe una brecha donde nosotros escogemos cómo comportarnos. Este autor define que, si las personas concretamos un objetivo a nuestros actos, “un sentido de vida”, emplearemos todos nuestros recursos para conseguirlo.
En base a dicho objetivo, Covey (1989) plantea que ser proactivo es la capacidad de poder tomar la iniciativa para conseguir un fin, asumiendo las responsabilidades consecuentes de las propias acciones; mientras que el ser reactivo es característico de la persona cuyo poder de decisión está influenciado en gran medida por circunstancias externas como el contexto social.
La actitud de la victimización se puede catalogar como una postura reactiva ante la situación del conflicto, ya que la persona pretende obtener atención y control ante la problemática. Espera que la solución al mismo sea a su favor, generada por una autoridad que le beneficie en su totalidad, al considerarse la única persona afectada.
Al encontrar un acuerdo generado por las partes involucradas, se brinda la oportunidad de que se involucren nuevamente de manera proactiva, apoyándose y retirando toda postura de víctima, asumiéndose como responsables mutuos del objetivo concretado.
Bibliografía
- Bush, R., & Folger, J. (2004). La promesa de la mediación: El enfoque transformador del conflicto. Jossey-Bass Publishers.
- Covey, S. (1989). Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva. Paidós.
- Diez, F., & Tapia, G. (1999). Herramientas para trabajar en mediación. Paidós.
- Frankl, V. (2004). El hombre en busca de sentido. Herder.
- Kübler-Ross, E. (1993). Sobre la muerte y los moribundos. Grijalbo.
- Marines Suárez (2010). Mediación. Conducción de disputas, comunicación y técnicas. Paidós.
- Márquez Cárdenas, Á. E. (2011). La Victimología como estudio. Redescubrimiento de la víctima para el proceso penal. Prolegómenos. Derechos y Valores, 14(27), 27–42. Universidad Militar Nueva Granada, Bogotá, Colombia.